Todo bien con la familia en Navidad, ¡pero Año Nuevo se festeja con amigos! Es algo que tratamos de imponer con mi mujer desde hace años, pero hasta ahora no habíamos tenido mucho éxito.
Pasamos muchas Noches Viejas (como le llaman en España al 31 de Diciembre) solos. Porque los amigos se entusiasman con la premisa que proponemos pero, a la larga, son todos unos calzonudos. Terminan en lo de las suegras o en lo de sus propias familias porque no se animan a decir: “Vieja, ya no tenemos más de qué hablar. Nos vimos hace 6 días. No hay novedades. Decile a la tía Tota que sorry, pero me voy con unos amigos.” Cobardes. ¡No me van a decir que lo hacen por el puro placer de volver a comer el pionono, el peceto o lo que haya cocinado “la mama” (léase en italiano)! ¡Lo hacen de gallinas que son!
Gracias a algunos de esos amigos que no se jugaron, el año pasado con mi mujer y las chicas nos quedamos en casa y pasamos el 31 solos. Las chicas eran más chicas y realmente nos costó mucho que llegaran a las 12 despiertas. Con mi mujer teníamos lista una única botella de sidra, porque al champagne no le encontramos la vuelta. Y no es porque nos tire el barrio, no. Nos resulta francamente asqueroso, y pensamos que le falta azúcar. Pero volviendo al punto… En casa había un silencio importante, lo cuál acentuaba la depresión reinante. Así que pusimos música. Pero era difícil escucharla con los gritos que comenzaron a llegar desde la casa de nuestro vecino de enfrente, lago de por medio. Ahí sí que había gente. En un punto, envidiamos su festejo desmedido, no les voy a mentir. Esas carcajadas exageradas, esos correteos alrededor de la pileta… ¡Cuánto glamour! Pero esta envidia llegó a su fin cuando se hicieron las doce y uno de los invitados bajó a la playita, munido de una caja de sospechoso contenido. La depósito en el suelo y acercó a la caja un encendedor. Nosotros mirábamos desde la galería con las chicas, mientras comíamos el postre. De golpe, el hombre barrigón se aleja unos pasos y empiezan a salir chispas de la caja, que resultó que contenía cañitas voladoras (de las buenas). La primera cañita salió disparada de inmediato, y se incrustó en el cerco vivo que separaba la casa de la de uno de sus vecinos lindantes. Y no lo prendió fuego porque estaba muy verde. Otro de los invitados atinó a gritar que la caja estaba puesta al revés, pero era demasiado tarde. Las otras cañitas ya comenzaban su alocado viaje, con final inesperado. Porque en vez de salir disparadas hacia el cielo, salían como flechas a ras del suelo, provocando el pánico entre los presentes y la lógica estampida consiguiente. Por suerte, ninguna cañita impactó en el ojo de nadie, pero la última en salir, la que cerró el espectáculo, salió como flecha paralela al agua, con rumbo desconocido, y se perdió a la distancia.
Por supuesto, a esta altura mi familia y yo estábamos metidos en casa, a salvo del fuego enemigo. Hubo que explicarles a las chicas que a veces la gente comete ese tipo de estupideces sin querer, y que no se había tratado de ningún intento de asesinato.
Cuando pasó la tormenta, volvimos a salir y oímos a nuestro vecino decir que el tío tal era un tarado… ¿Ven lo que digo? Eso pasa por festejar año nuevo con la familia.
Por suerte, este año pudimos despedir el 2009 con amigos, y la verdad que, salvo por el hecho de que tuvimos que barnizarnos en Off (gracias Enrique) para repeler a los mosquitos, la pasamos bárbaro. Y cuando volvimos a casa, nos dimos cuenta de que, en realidad, estos amigos de Nordelta ya son un poco nuestra familia… Una familia elegida, y no heredada. Gente con buena onda, con realidades parecidas a las nuestra y las mismas ganas de juntarse a pasar un rato agradable, o compartir algún partidito de fútbol, de tenis o de ludo. Lo que sea, con tal de pasarlo bien.
¿Suena un poco a artículo de revista dominguera? Puede ser, pero es lo que sentimos.
Así que amigos, comida distinta, anécdotas nuevas… ¡la combinación perfecta para la última noche del año! Gracias, chicos, ¡y Feliz 2010 para todos!
Ah, aclaro: el año que viene, las estrellitas las pongo yo.

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