Es bien sabido que para lograr que una persona te trate bien, primero tenés que tratarla bien vos. Pero hay gente que parece desconocer este principio fundamental de la convivencia humana. Basta con leer el diario cualquier día, para darse cuenta que las relaciones entre la gente están cada vez peor. El mundo es un desastre, y el país forma parte de ese mundo, igual que Nordelta. Así que... ¿por qué íbamos a ser la excepción?
Ya hablé en otra oportunidad del "maltrato" entre los nordelteños (me falta hablar de los intercambios epistolares en el foro del barrio, que merecen un comentario aparte), pero hoy quiero enfocarme en los otros, en los que no están en esta linda ciudad pueblo por propia elección, sino por necesidad.
¿Expatriados? No. Empleados del súper, del centro comercial, de los barrios, guardias... Hay mucha gente que trabaja, de alguna manera, para nosotros, y que merece el mismo respeto que cualquiera. Y no lo tiene.
Tómense un minuto y presten atención, la próxima vez que vayan al Disco y llegue la hora de pagar. Y después contesten estas preguntas: ¿El cliente que pasó antes que ustedes, saludó a la cajera, antes de darle la plata o la tarjeta de crédito? ¿Le dirigió la palabra, por lo menos? ¿Utilizó el "por favor", en algún momento de su conversación, si la hubo? ¿Y el "gracias"? ¿La saludó cuando se fue? Si hizo alguna de estas cosas, quiere decir que todavía hay una esperanza de cambiar las cosas. Si no... va a ser muy difícil reeducar a tanta gente.
Y no es que uno se ponga en maestro ciruela. Pero un gesto de "buena voluntad" no le hace daño a nadie. Y la forma en el trato, a esta gente que está trabajando, le dice mucho de nosotros. Y de ellos mismos, también.
Alguien podrá pensar "pará un poquito. La cajera no siempre me saluda a mí, cuando llego a la caja". Es probable. Pero eso no nos exime de dar el ejemplo. Pongámoslo en términos matemáticos: ella tiene que saludar a cuatrocientos clientes por día. Nosotros sólo vamos al súper una vez.
Así que no cuesta nada tratarlos como personas.
Ayer fuimos a sacarnos una foto a la óptica del centro comercial, en familia. No sé de qué nos pusimos a charlar con la chica que la atiende, pero se ve que le caimos en gracia. "Ustedes no son de Nordelta, ¿no?"-preguntó. "Sí, sí somos", contestamos con cierto dolor. Le había llamado la atención la buena onda. En general -nos explicó-, los clientes no suelen dirigirle tanto tiempo la palabra, como no sea para preguntar el precio de unos lentes, o si se puede pagar con débito.
Es un poco triste, ¿no?
Ojalá que entre todos podamos revertir la tendencia. Más que nada por los chicos. Para que no se conviertan en gente que el día de mañana no va a saludar, ni a dar las gracias.

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