Pocas veces mejor aplicada la frase que cuando uno intenta comunicarse con el Centro Médico Nordelta. Uno pasa del disquito de bienvenida a una serie de rings, que inevitablemente terminan en un silencio profundo. En esos momentos pensás “menos mal que llamo para sacar un turno y no por una emergencia”…
Lo que me recuerda… que una vez tuve que llamar por una emergencia. Estaba en casa y mi mujer se preparaba para salir con sus amigas de capital. Las criaturas se iban con ella, por suerte. ¡Así que estaba libre! Saqué del freezer una bolsa de patitas de pollo (antes Chickenitos), que es una de las dos cosas que sé cocinar solo (la otra es fideos, con manteca), y me dispuse a prender el horno. Y acá entra a jugar la Gracia Divina. ¿Por qué?, se preguntarán. Porque a) se me ocurrió hacer esto antes de que se fuera mi mujer. Y b) se me ocurrió hacerlo antes de las ocho de la noche. Y lo del horario, en casos como este, es clave. Acá en Nordelta, SIEMPRE HAY QUE LASTIMARSE DESPUÉS DE LAS 8 AM Y ANTES DE LAS 8 PM. Anótenlo en un post-it y péguenlo en la heladera. Continuando con el relato… abrí la puerta del horno, y me di cuenta de que no había agarrado los fósforos. Me estiré para alcanzarlos (los arquitectos colocaron las repisas muy altas y sólo un gigante llegaría a agarrar algo de ahí sin esfuerzo), y cuando volví a girar hacia la puerta abierta del horno, me corté con una saliente de metal filoso -que por alguna extraña razón a los diseñadores de DOMEC les pareció fundamental poner en su nuevo modelito- y me hice un tajo de aproximadamente 10 cm. de largo, del que empezó a manar una sangre espesa y horriblemente mía.
¿Mi reacción? Ninguna. Parálisis total. Lo único que hice fue decir un epíteto, que no voy a reproducir en estas páginas, como si eso solucionara de algún modo el problema. Mi mujer, que ya me conoce, preguntó desde el living “¿qué pasó?”. La pobre creía que mi puteada era para el horno, porque no prendía o algo así. Así que cuando entró a la cocina y me encontró parado en un charco de sangre… bueno, digamos que se sorprendió. Pero no tardó en reaccionar. Volvió a salir y en menos de un minuto ya había vuelto con una gasa estéril, un pañuelo para apretarme la herida y había terminado de vestir a las chicas para subir todos al auto y salir de urgencia a que me viera un médico. Le pedí un segundo para llamar al Centro Médico, para ver si estaban en condiciones de atenderme ahí. La primera vez no me contestó nadie.
Mi mujer empezó a impacientarse. “Vamos!”. Intenté una vez más, pero tampoco me contestaron. “Última vez y si no, vamos”, pensé. Me atendió una chica muy desganada, indicando claramente que estaba llamando a diez minutos de la hora de cierre, y le pregunté si había alguien para coserme, o si me convenía ir a otro lado. No soy muy bueno para negociar, no. La chica vió la oportunidad de zafar y me dijo que me fuera al Lomas. En veinte minutos estábamos en San Isidro, y el cuento terminó bien. Me anestesiaron la pierna y me cosieron con un hilo negro muy monono, y me quedó una cicatriz de la que puedo jactarme con mis hijas, y hacerles creer a veces que su padre fue en una época un guerrero ninja o algo por el estilo.
Ojo, en Las Lomas tuve que esperar como una hora a que viniera un cirujano, y ahí entendí por qué la chica de Nordelta me fletó. Si hacía ir al médico hasta allá iba a tener que cerrar a las 9, o 9 y pico de la noche. ¡Imagínense! ¡Un Centro Médico con servicio nocturno! ¡¿Dónde se vio?!
La cuestión es que seguimos haciendo emprendimientos, levantando edificios, invirtiendo plata para que cada vez más gente viva en Nordelta… pero parece que no alcanza la guita para extender el horario de nuestro hospital, ni tampoco para mejorar el servicio. Incomprensible.
Pero en fin… mirémosle también el lado positivo. El otro día, en ocasión de un incendio en Castores, el camión de los bomberos llegó al lugar, según una amiga que fue testigo, quince minutos después de que dieran la voz de alarma (y por suerte no hubo que lamentar víctimas). Bastante bien.
Menos para los pobres dueños de la casa, claro.
Son las once de la noche. Voy a llamar al Centro Médico, a ver si me atiende alguien. Sólo para probar.



