Taruchas wanted



¿Dónde se habrán ido las tarariras? Me acuerdo que la primera tarde que nos mudamos mi mujer salió con su caña al jardín a las 7 de la tarde y tras esperar un rato, pescó una tararira. Su felicidad fue infinita. Nordelta era lo más. Vivir en una casa y que desde su propio jardín pudiera repetir uno de sus hobbies preferidos de la infancia, no tenía precio.

Nunca entendí demasiado el tema de la pesca. Yo voy más con el fútbol o con el tenis. No soy Maradona (bueno, eso está claro. Pongamos “no soy Arruabarrena”), ni Federer, pero me divierto más cuando corro atrás de una pelota. Eso de sentarme o pararme a esperar a que un pez decida si prefiere morder mi anzuelo que seguir viviendo en libertad, no me cierra mucho. Pero a mí mujer sí, le encanta. Sobre todo la pesca de tararira, que ella describe como una pelea justa. Aunque como muchas otras cosas, ya no es lo mismo ahora con los hijos. Ya no pesca, sufre. Que “se va a sacar un ojo esa chica”, que “me comió la carne de nuevo, mamá”, que “ufa, ese lugar es mejor que este”, que “quiero cambiar la caña, esta es una porquería”… por no hablar del escándalo que se arma cuando trata de explicarles que hay que devolver los dientudos o palometas al agua, luego de tenerlos un rato en el balde. Porque tarariras ya no hay. ¡Y lo dice una experta!

La veo a mi mujer irse con su caña cuando cae la tarde a ver si por ahí este año sí sembraron alevinos de tararira o algún pez grande, y me emociono. Porque en el folleto de venta de Nordelta, no se mencionaba sólo a las tarariras. ¡Había hasta dorados! Y no pusieron al “Nahuelito” porque les dio vergüenza. No conozco mucha gente que se ponga a pescar más que para pasar el rato con los chicos, pero estoy seguro de que ni aún el más profesional de los pescadores nordelteños consiguió atrapar un dorado. Nos hubiéramos enterado por “Gallaretas”, que volvió después de casi un año en silencio.

Mi mujer dice que si algún día llega a sacar una "tarucha" como la gente, manda la foto para que la publiquen. Vamos a tener que conseguir una cámara con un buen zoom. Porque yo a ese bicho no me acerco ni loco.

Pensé que las comadrejas tenían dientes grandes, pero las tarariras no se quedan atrás. ¡Y las nutrias tampoco! O coypos, como les llaman acá. Ayer encontré una cría debajo de mi auto, en la entrada de casa. Me dio tanta ternura que me acerqué, tratando de agarrarla. Hasta que arqueó el lomo la impertinente criatura y salí rajando. Pero ya les contaré en detalle otro día.

Oia… Ahí va otra vez mi mujer para el lado del lago. Me parece que lleva su cañita. No se da por vencida la tipa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hooola si, disculpame, yo vivo en nordelta y me gustaria preguntarte cuales son los mejores señuelos para usar.. gracias

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