El domingo es el mejor día de la semana para muchos. ¿Por qué? Simple: por el fútbol. Seguramente las mujeres que lean esto no van a sentirse identificadas, pero créanme si les digo que el noventa por ciento de los hombres del mundo eliminarían con gusto el sábado de sus vidas, si con eso pudieran acercarse un poco más al domingo. El día en que Dios descansó, dicen. ¿Habrá sido antes o después de comer los fideos de la nona? Okey! Okey! No voy a meterme con eso... a ver si todavía me prendo fuego. No te ofendas, Barba. Era un chiste. Habrá quienes discrepen conmigo y piensen que es el miércoles el mejor día de la semana. O el jueves. O el viernes. Depende de cuándo hayan quedado para jugar. O de si el equipo de sus amores juega alguna copa o no. Pero eso no le saca mérito al domingo, de ninguna manera. Y no me tomen por favor por un cuadrado, queridas vecinas. No estoy hablando sólo como fanático del balón pie. También creo, honestamente, que además de servir para el esparcimiento de la muchachada y para bajar algún que otro gramo de más que insiste en acumularse en la mayoría de nosotros, los hombres, pasados los treinta, este deporte también posee propiedades terapéuticas. ¿Cuáles?, preguntarán ustedes. Bueno, para empezar, combate la famosa "depresión del séptimo día". Dicen que en países como Suecia, la taza de suicidos es mucho más alta en los días domingos, previos al tedioso retorno al trabajo de los lunes. Así que, si no queremos terminar como esos pobres rubios sin gracia, ¡tenemos que seguir jugando al fútbol! O viendo fútbol, o escuchando fútbol. Lo que sea, pero que involucre una pelota. Les pido por favor a mis queridas vecinas de esta hermosa ciudad pueblo que no se la agarren con sus maridos cada vez que se nieguen a ir al cumpleaños de Mariquita, al bautismo de Josesito o al entierro del abuelo de Pepito. Todas esas cosas deprimen. Y es el glorioso deporte de la "pecosa" el único capaz de hacernos olvidar que mañana hay que volver a la oficina, o al Nextel, a seguir tirando del carro.
Perdónenme, chicas, pero tenía que sacar esta angustia afuera. No sé por qué amanecí tan sensible. Será que es domingo, y miro por la ventana y lo único que veo es la lluvia golpeando contra el vidrio...
Snif...
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